Por qué el mar siempre acaba apareciendo en nuestra ropa
(sin parecer turista)

Mundo SoulSail

Por qué el mar siempre acaba apareciendo en nuestra ropa

Hay ideas que llegan con una libreta llena de tachones.

Y otras que llegan cuando dos personas empiezan a juntar obsesiones que, en principio, no deberían tener nada que ver.

Una tenía ganas de crear algo propio.
De pensar un producto desde cero, darle vueltas, quitarle cosas, volver a añadirlas y, sobre todo, conseguir que aquello que estaba en la cabeza acabara existiendo de verdad.

La otra llevaba demasiado tiempo mirando el mar.

Velas, veleros, islas y esa manía tan concreta de pensar que un punto perdido en un mapa puede significar muchísimo más de lo que parece.

Y entonces pasó lo que suele pasar cuando empiezas a darle demasiadas vueltas a una idea:

que acabas haciéndola.

No salió una marca náutica.

Tampoco salió una marca de moda al uso.

Salió algo bastante más difícil de explicar.

Porque por algún sitio aparecieron unas coordenadas.

Luego una isla.

Después un corazón anatómico.

Y ahí ya tuvimos claro que aquello se nos estaba yendo un poco de las manos.

Pero tenía sentido.

Porque un corazón y unas coordenadas tienen más en común de lo que parece.

Uno señala lo que llevas dentro.

Las otras, un lugar al que quieres volver.

Y quizá eso es lo que siempre nos ha gustado del mar: que consigue convertir lugares normales en lugares que significan algo.

Una cala deja de ser una cala.

Un punto en el mapa deja de ser un número.

Una camiseta deja de ser una camiseta.

Cuando algo te importa, acaba teniendo una forma de volver contigo.


El mar se nos ha metido en la cabeza

No sabemos exactamente cuándo empezó.

Probablemente tampoco hubo un momento solemne de “vamos a hacer una marca inspirada en el mar”.

Fue más bien al revés.

El mar ya estaba ahí.

En los viajes.

En las islas.

En los barcos.

En las ideas que aparecían una y otra vez.

Y, sin darnos cuenta, empezó a colarse también en la ropa.

Porque la ropa tiene una cosa bastante curiosa: puede contar algo sin decir absolutamente nada.

Puede recordarte un sitio.

Una época.

Una persona.

O esa versión de ti que aparece cuando llevas tres días fuera de casa, tienes sal en el pelo y te importa bastante poco qué día de la semana es.

Ahí es donde empezó a tener sentido SoulSail.

No queríamos llenar prendas de anclas porque sí.

Ni hacer ropa que gritara “MIRA, ME GUSTA EL MAR” desde la otra punta de la playa.

Queríamos coger todo eso que nos mueve y convertirlo en diseños que pudieran acompañarte también cuando no estás delante del mar.

Porque el mar no se acaba cuando vuelves a casa.

Ese es el problema.

Y también un poco la gracia.


Hacerlo bien o no hacerlo

Había algo que teníamos claro desde el principio:

si lo hacíamos, lo íbamos a hacer bien.

No queríamos hacer por hacer.

Ni poner un logo en una camiseta y dar el trabajo por terminado.

Por eso hasta nuestro logo tenía que tener algo más.

Elegimos bordarlo porque queríamos que no estuviera simplemente ahí, encima de la prenda.

Queríamos que el hilo entrara.

Que atravesara el tejido.

Que formara parte de ella.

Parece un detalle pequeño.

Pero somos bastante pesados con esas cosas.

Y con la calidad, igual.

Hemos hecho SoulSail para que dure.

Para que esa camiseta no sea la que te compras este verano y desaparece misteriosamente después de tres lavados.

Queremos que aguante viajes, salitre, lavadoras, noches que se alargan y todos esos planes que empiezan con un “tomamos una y nos vamos”.

Porque si algo nos gusta, queremos que dure.


Y luego está todo lo demás

Queríamos que SoulSail fuera algo más que recibir una prenda en una caja.

Por eso cuidamos cada detalle.

Desde cómo se prepara el pedido hasta lo que encuentras cuando lo abres.

El packaging.

El papel.

La tarjeta.

Los pequeños detalles que quizá nadie necesita, pero que hacen que la experiencia sea diferente.

Porque creemos que comprar algo también puede ser parte de la historia.

Y si vamos a hacer las cosas a nuestra manera, queríamos que se notara desde el primer momento.

No solo en la camiseta.

En todo.


De ahí sale SoulSail

De mezclar cosas.

De juntar lugares y emociones.

De convertir un punto del mapa en un recuerdo.

De hacer que un corazón pueda hablar de algo más que de anatomía.

De pensar que una prenda puede ser mucho más que algo que te pones por la mañana y te quitas por la noche.

Y también de algo mucho más sencillo:

hacer ropa que nos apeteciera llevar.

Sin montar una revolución.

Sin inventar una nueva forma de vestir.

Simplemente haciendo las cosas a nuestra manera y dejando que el mar siguiera apareciendo donde le diera la gana.

En un mapa.

En un diseño.

En una isla.

En una historia.

O en esa camiseta que te llevas de viaje y termina teniendo más kilómetros que tú.

Y esto, en realidad, es solo el principio.

Tenemos proyectos en la cabeza que todavía no han llegado a SoulSail.

Algunos están bastante verdes.

Otros, bastante menos.

Y alguno que otro nos tiene especialmente nerviosos.

No podemos contar mucho todavía.

Pero esperamos poder hacerlo pronto.

Porque si algo hemos aprendido haciendo SoulSail es que las mejores ideas necesitan tiempo.

Y algunas, además, necesitan un poco de mar.


Antes de soltar amarras...

Quizá por eso seguimos volviendo al mar.

Porque hay lugares que no quieres guardar en una carpeta de fotos.

Quieres llevarte algo de ellos.

Un punto en el mapa.

Una sensación.

Un recuerdo.

O simplemente una camiseta.

"Porque algunas historias no necesitan quedarse en el sitio donde ocurrieron."


Por eso todo lo que nos inspira acaba encontrando su sitio en SoulSail.

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