Menorca no se visita. Menorca se te queda.

Destinos

Menorca no se visita. Menorca se te queda.

Hay islas que recuerdas por una playa.

Otras por un restaurante.

Y luego está Menorca.

Una isla que, sin hacer demasiado ruido, consigue que vuelvas a casa hablando de cosas que nunca pensaste que mencionarías.

Una bebida.

Un tipo de barco.

Un camino eterno hasta una cala.

Un desayuno.

Un puerto al atardecer.

Y es curioso, porque cuando alguien te pregunta qué tiene Menorca, cuesta responder.

No es una sola cosa.

Son cientos de pequeños momentos.

Todo empieza con una pregunta: "¿Qué es una pomada?"

Da igual cuántas veces hayas oído hablar de ella.

La primera siempre empieza igual.

"¿Qué lleva?"

Te explican que es ginebra Xoriguer con limonada.

Pides una.

Luego otra.

Y sin darte cuenta acabas diciendo:

"¿Nos tomamos una pomada antes de cenar?"

Lo mejor viene cuando vuelves a casa.

Intentas prepararla exactamente igual.

La misma ginebra.

La misma limonada.

El mismo hielo.

Pero no sabe igual.

Porque el ingrediente que falta nunca estuvo en la receta.

Era el puerto de Ciutadella al atardecer.

Descubres que un llaüt puede tener más personalidad que un yate

Hay barcos que impresionan por su tamaño.

Y luego están los llaüts.

No necesitan motores enormes.

Ni música alta.

Ni una cubierta llena de gente.

Simplemente pasan.

Despacio.

Con esa tranquilidad que parece imposible encontrar hoy en día.

Y acabas pensando una cosa que jamás imaginabas antes de viajar a Menorca:

"Si algún día tengo un barco... quiero que sea un llaüt."

Porque entiendes que navegar no siempre consiste en llegar antes.

A veces consiste simplemente en disfrutar del camino.

En Menorca aprendes que "está aquí al lado" significa otra cosa

Siempre hay alguien que lo dice.

"La cala está a diez minutos andando."

Mentira.

Empiezas el Camí de Cavalls convencido.

A mitad del camino empiezas a negociar contigo mismo.

"La próxima playa con chiringuito."

"No vuelvo a hacer caso a Google Maps."

"¿Seguro que era por aquí?"

Y entonces aparece la cala.

Agua transparente.

Silencio.

Pinos.

Te quitas las zapatillas.

Te tiras al agua.

Y entiendes por qué nadie se queja realmente de la caminata.

Hay desayunos que saben diferentes

Si alguna vez tienes la suerte de dormir cerca del mar —o, mejor aún, a bordo de un barco— descubrirás una de las mejores cosas que tiene Menorca.

Abrir los ojos.

Ver el agua completamente tranquila.

Darte el primer baño del día.

Preparar un café recién hecho.

Pan tostado con tomate.

Un poco de jamón.

Algo de queso.

Y desayunar sin mirar el móvil porque, sinceramente, no hace ninguna falta.

No será el desayuno más caro de tu vida.

Probablemente tampoco el más elaborado.

Pero sí uno de los que más recordarás.

El agua de Menorca tiene un problema

No sale bien en las fotos.

Todos hacemos lo mismo.

Sacamos el móvil.

Buscamos el mejor ángulo.

Probamos un filtro.

Luego otro.

Y acabamos quitándolos todos.

Porque el agua tiene un color que la cámara todavía no ha aprendido a copiar.

Así que llega un momento en el que guardas el teléfono.

Y simplemente te quedas mirando.

La hospitalidad menorquina existe

Hay una escena que resume bastante bien la isla.

Estás intentando pescar.

No pescas absolutamente nada.

Unos menorquines se acercan desde su barco, te regalan unos anzuelos y te enseñan cómo montar el sedal.

No había prisa.

No había ningún interés.

Solo ganas de ayudar.

Y, de alguna manera, esa conversación improvisada acaba siendo uno de esos recuerdos que duran más que muchas fotografías.

Ciutadella tiene la extraña capacidad de hacerte perder el tiempo... en el mejor sentido

Vas pensando que solo darás un paseo.

Y dos horas después sigues allí.

Porque encuentras una terraza.

Luego otra.

Pides una pomada.

Miras entrar un llaüt.

Empieza a caer el sol.

Y descubres que no hacer nada también puede ser un plan perfecto.

Siempre vuelves con más queso del que pensabas

La idea era sencilla.

Comprar un queso de Mahón para regalar.

Pero pruebas uno.

Luego otro.

Y antes de darte cuenta estás reorganizando la maleta para que entren dos más.

Spoiler: normalmente no llegan enteros a casa.

Antes de soltar amarras...

Hay viajes que se recuerdan por los sitios que visitas.

Y hay viajes que se recuerdan por cómo te hacen sentir.

Menorca pertenece al segundo grupo.

Porque cuando termina el verano, descubres que lo que realmente te llevas de la isla no cabe en la maleta.

Te lo llevas contigo.

"Hay destinos que visitas una vez. Y hay destinos que empiezan a formar parte de todas las conversaciones sobre el verano."


Por eso Menorca tenía que acabar convertida en una camiseta.

→ Menorca

|Soul Sail